domingo, 9 de enero de 2011

Chávez bajo la prensa.

Recuerdo una reseña policial en TV hace ya tiempo (debe haber sido antes de la partición de aguas: no le echaban la culpa a Chávez). El asunto fue más o menos así: sale el carajo de pagar cana y va pa' la casa 'e la que era mujer de él, pero resulta que la jeva tiene nuevo marido y de una lo mandan pa'l carajo, así que en la noche regresa, tranca todas las salidas del rancho, lo riega con gasolina y le pega candela, quemando vivos a la ex, a sus 5 (¡cinco!) hijos y creo que al rival también.
Ya camino a otros años de oscuridad carcelaria le preguntaban - esas preguntas estúpidas ante la monumental evidencia - qué motivo le había llevado a cometer semejante atrocidad.
El hombre habló claramente, mirando al vacío y sin emociones, con total lucidez. "Con los sentimientos no se juega" , dijo; "a mí no me van a vacilar".
Verga. Ese carajo se debe haber ganado en ese momento el respeto necesario para sobrevivir en esos antros de ocio tenebroso que lo esperaban.
Si eso llega a pasar hoy segurito que algún hablapaja le encuentra la bisectriz que señala a Hugo como el culpable. Cuidado y no protegen al homicida elevándolo a víctima del "discurso de odio que emana de Miraflores" y van a la OEA a llorarle al otro gafo.
Esas son las vainas que uno no entiende. ¿Cómo es posible que la prensa prefiera perder todo vestigio de credibilidad con mentiras evidentes antes que unirse a una campaña de adecentamiento de la carrera periodística?
Lo vemos todos, lo vemos todos los días... y algunos van y dicen "¡Dictadura!".
Ahoritica mismo veíamos a Chávez suprimiendo las libertades civiles de unos damnificados, a quienes (¡horror!) le hizo entrega de viviendas equipadas. Ayer o antier violaba los derechos humanos de unos niños entregándoles juguetes. El déspota persiguió a otros ciudadanos proveyéndoles alimentos y masacró con medicinas gratuitas a unos cuantos centros de salud. El estalinismo presidencial permitió que la oposición tuviera representación parlamentaria, alguno de cuyos miembros, sometidos a crueles torturas, pudieron gritar a los cuatro vientos en esta gran cárcel que las atenciones a los damnificados esclavos de los plataneros y ganaderos del sur de lago serán respondidas con desabastecimiento democrático de leche y carne; otros se limitaron a proponer a un asesino para la directiva del parlamento o a invocar la desobediencia de los militares.
Sin ir más lejos, el fuhrer participó anoche en un conversatorio con diversas organizaciones populares a las que oprimió atrozmente aprobándoles la posesión temporal de tierras y recursos para la construcción de viviendas. Otra vileza del régimen totalitario es la que se apresta a reubicar a los refugiados que ocupaban temporalmente las instalaciones educativas, con la excusa del reinicio de clases.
Y eso es aquí, delante de nuestros ojos. Allá afuera necesitan el otro guión, el de consumo internacional que denuncia ante el mundo el medio millón de periodistas y disidentes perseguidos y asesinados cada día por los esbirros del ególatra, o el tráfico de coca y plutonio y las amistades con el eje del mal. Hezbollah y Alqaeda se turnan con las FARC y los etarras en las escalinatas del palacio de gobierno, mascando coca mientras afinan sus planes de ataque a las democracias del orbe.

La brutal supresión de libertades civiles hace difícil cuantificar las desapariciones forzosas, con algunas excepciones que el régimen no ha podido ocultar, entre ellas el analfabetismo y las tres cuartas partes de la pobreza extrema. La censura total y la persecución a la libertad de expresión ocupan los titulares y las portadas de los numerosos periódicos de oposición nacionales; están, pues, todos los días a la vista de todos. Si faltara más, las radios y las televisoras repiten ese mismo mensaje cada día, alarmando a las honorables organizaciones internacionales con su estridente alarido.

La población padece los embates del descenso de los niveles de desnutrición y de la mortalidad infantil. La nación agoniza con el acceso universal a la educación y a la atención médica primaria; gime la democracia en cada uno de los numerosos procesos electorales en los que se convoca a la ciudadanía aterrorizada a ejercer su derecho. Se ha rumorado la abominable práctica de aumentar el número de centros de votación y agilizar los trámites para la obtención de los documentos de identidad, una manera horripilante de obligar a los ciudadanos, especialmente los menos favorecidos, a materializar sus derechos civiles y políticos a través del voto.

Peor aún, el gobierno no ceja en sus pretensiones de ayudar a paliar los efectos de los recientes desastres naturales. Insiste en abrir refugios para desalojar a los ciudadanos que viven en zonas de riesgo, obligándolos a aceptar viviendas equipadas con todos los enseres necesarios y cerca de las escuelas para no interrumpir la indoctrinación de los niños en las insidiosas áreas del saber. El empeño del régimen en lo referente a los problemas de la vivienda precaria y el déficit acumulado de viviendas lo ha llevado a solicitar poderes especiales que pretenden sobrevolar los obstáculos que la oposición política necesita imponerle para evitar que se gaste tanto dinero en atender a los estratos sociales menos favorecidos y para minar la popularidad presidencial que ello acarrea.

Eso somos bajo el yugo de la prensa. Las “verdades” se amoldan para uso de algunos y consumo de otros en un circo surrealista que crea universos paralelos: allá el bienestar del capitalismo y su libertad – sólo de mercado – y acá la lucha de quienes escogemos cuál libertad nos conviene a todos. Obvio que quieran levantarnos muros, reales y virtuales: estas realidades tropicales son demasiado subversivas para esos gustos templados.

La crudeza del relato que abre este artículo es mucho menos cruel que la que nos impone la prensa. Los comunicadores deben reflexionar sobre el papel que asumen frente al público al hacerse eco de la línea editorial antes que caja de resonancia de los clamores populares, so pena de escuchar las palabras del personaje; con los sentimientos no se juega, no nos van a vacilar.


Franco Munini. muninifranco@gmail.com

martes, 27 de julio de 2010

Fe y razón de ser.

"No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte."

Asimismo, en la vida diaria no son solo los premios o los castigos los rieles o barandas que delimitan el curso por donde conducimos nuestras acciones. Hay metas a largo plazo sustentadas en los principios del bien común, la solidaridad social y el amor al prójimo que orientan nuestra vida y le dan significado trascendente a las obras grandes y pequeñas que emprendemos, a las causas a las que nos entregamos, al modo de vida que asumimos. La humanidad ha buscado desde siempre esa motivación suprema, la respuesta espiritual al por qué existencial, la pregunta que intrigó al primate original una vez que un pícaro trozo de ADN lo alejó del paraíso terrenal de los instintos animales y lo parió en la selva de las dudas que preceden cada una de sus acciones, tan metafóricamente descrito como el pecado original al morder el fruto del árbol del conocimiento.

Por mucho tiempo las religiones, surgidas por la necesidad de normar la convivencia entre nuestros ancestros, se encargaron de satisfacer esas inquietudes, con las limitaciones inherentes a las respectivas concepciones geográficas, históricas y conductuales del momento en que se consolidan en sus ámbitos colectivos. Los liderazgos religiosos fueron aglutinados a las estructuras jerárquicas del poder y calcificaron en el tiempo posturas anacrónicas que les permitieron mantener el status quo; a pesar que en muchos casos los simbolismos e iconografías eran contrarios a los postulados surgidos de la evolución del pensamiento que les dio vida, persisten aún hoy como parte de las respectivas liturgias con un carácter mágico y supersticioso, como amuletos que más que espirituales son espirituosos. Eran, y son, símbolos del poder, disfraces píos de la dominación en nombre del bien, cadenas para beatos sumisos.

"Cura que en la vecindad
vive con desenvoltura:
¿Para qué llamarle cura
si es la misma enfermedad?"

Ni hablar de los malos ejemplos, pasados y presentes, flébiles o estruendosos, de los que, enfundados en sotanas cargaron de vergüenza a aquellos buenos hombres y mujeres que dedicaron su vida al bien. Desde las cruzadas a los Borgia, desde la inquisición a los acusados de pedofilia. Y no salen incólumes otras religiones, siempre listas a usar la palabra de, por darle un nombre, Dios, para justificar actos inhumanos de barbarie arreando a los fieles, cosa que dolorosamente ha sido copiada sin evolución aparente por la política que sigue pareciendo la ciencia de la ganadería humana: ¿en qué se diferencian los cruzados, los soldados israelíes, los moros que ocuparon España o los nazis de Hitler?

"Si no amas a tu hermano, al que puedes ver, ¿cómo puedes amar a Dios, al que no puedes ver?"

Promesas de una vida después de la muerte, donde los sacrificios hechos en vida serán recompensados en el paraíso o nirvana, han sido manida excusa para someter y subyugar pueblos enteros, historia de diezmos y pirámides, de acomodados purpurados cavilando sobre el peso de los ángeles mientras poblados enteros morían de mengua, de la miseria, de la esclavitud y la autoflagelación para redimir el pecado de nacer pobres, negros o judíos o simplemente en el lugar y momento equivocado.

Pero el amor al prójimo es inacabable e invencible. Por encima del odio y el egoísmo hay religiosos y laicos que día a día, contra dificultades inenarrables aportan su grano de arena para construir un mundo mejor. Revolucionarios con o sin sotanas que siguen admirando a Ernesto Cardenal aún después que le reprendiera el Sagrado Tubérculo (cuyo sucesor hoy sigue impidiendo a los sacerdotes inmiscuirse en política en una actitud que los venezolanos interpretamos erróneamente como reprimenda a los jerarcas de derecha cuando es en realidad un veto a los sacerdotes comprometidos con las luchas sociales).

Al lado de aquellos que van a la iglesia, sinagoga, mezquita o templo de su particular ¿devoción? a buscar exculparse cómodamente de sus pecados en un fútil intento de limpiar su conciencia sucia por medio de liturgias supersticiosas, de la adoración extática de íconos sacralizados encerrados en adornados recintos aromáticos que más que concentrar la fe la secuestran del mundo natural, hay también aquellos que, con buenas intenciones van a buscar la fuerza espiritual del ejemplo de los mártires para proseguir su labor de bien, a pesar de lo ambiguo que puede resultar la simbología de la cruz para nuestro pueblo latinoamericano o amerindio.

El Dios vivo es la acción, es la ayuda al necesitado, es la ilustración de los que están en las tinieblas presos entre los barrotes de la ignorancia; la sabiduría es invisible para quien no la tiene. No hay excusa para la confrontación: el futuro de Venezuela esta plasmado en un proyecto de país descrito en la constitución de 1999, en el cual se reitera el carácter pacífico de los procesos necesarios para alcanzarlo.

Como todo proceso evolutivo, se requiere de esfuerzos valerosos para superar esta etapa del estado reformista y cupular modelado con la anterior constitución y a cuyos efectos ya perniciosos nos seguimos aferrando por temor atávico a la innovación o al progreso, así como un vicioso se aferra a la cadena que lo esclaviza. Pero no podemos detener la historia; tenemos que vivirla, ser parte de las transformaciones que implica. Y para ello es necesario estudiarla, analizarla, entenderla y comprenderla.

"Sólo hay tres tiempos: presente del pasado, presente del presente y presente del futuro. Ellos están en mi mente y no los veo en otra parte. El presente del pasado: la memoria. El presente del presente: la percepción. El presente del futuro: la espera."

Acopiando la sabiduría del pasado mediante el estudio mejoramos nuestra percepción del presente y podemos actuar acertadamente para que el futuro sea mejor. Es la labor de todos, es la razón de ser.

Franco Munini.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Comentario a "ÁvilaTV tiene mucho que decir".

(Al tanto de que mañana muchos de nosotros dejaremos de estar pendientes de la prensa, les dejo con un día de antelación el número dieciséis en Ciudad CCS, cuya primera parte será públicada precisamente mañana, día de Navidad, y la segunda parte el próximo jueves, último día del año.

Aprovechen estos días para inculcarle a sus hijos e hijas que no está nada bien ver tanta televisión.

A menos que sea Ávila TV.

Bueh... a menos que terminen de destruirla.

Salud).

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En agosto pasado, y en respuesta a la feroz campaña de criminalización que se fraguó en contra de Ávila TV, el documentalista Ángel Palacios no dudó en calificar el trabajo que se hace desde la planta televisiva como "la mejor experiencia comunicacional que se ha construido en el país en toda la historia de nuestra televisión". A su juicio, Ávila TV es "una televisora que inventa, que incluye, que le llega a los más jóvenes y que es voz de los más excluidos. Una televisora que no tiene miedo y que canta las verdades donde más duelen".

¿Palabras escritas al calor del combate deliberativo? ¿Un simple desliz valorativo? ¿El lenguaje propio de los apasionados manifiestos a favor de causas nobles, perdidas o bajo amenaza? A fin de cuentas, ¿quién es ese Ángel Palacios y a cuenta de qué viene a opinar sobre tal o cual asunto?

Por eso, supongamos que el documentalista incurrió en un exceso. Que no es cierto que Ávila TV sea "la mejor experiencia comunicacional… en toda la historia…". Supongamos que se trata, simplemente, de una extraordinaria experiencia comunicacional, de una televisora que inventa y se equivoca, que incluye, que sabe cómo hablarle a los jóvenes excluidos porque ellos mismos tienen voz dentro del canal. Supongamos que es una televisora que ha demostrado, una y otra vez, que no tiene miedo.

Suponga usted, estimado lector, que un buen día recae sobre sus hombros la responsabilidad de asumir las riendas de tamaña ferocidad. Para decirlo con palabras de Ángel Palacios: supongamos que un día cualquiera a usted le ponen en sus manos ese "irreverente y franco cañón que es Ávila TV".

Le ruego su atención, estimado lector, porque aquí vienen las preguntas claves: ¿qué haría? ¿Intentaría entender qué es lo que tiene de extraordinaria dicha experiencia o asumiría la actitud del experimentado que llega dictando cátedra? ¿Se sumaría a la invención colectiva o se limitaría a señalar los errores? ¿Cómo se relacionaría con esos jóvenes que siempre fueron marginados por su lenguaje, su ética y su estética, por la clase social a la que pertenecen? En suma, ¿qué haría con esos jóvenes que no siempre hablan su mismo lenguaje, que – aunque le cueste asimilarlo – se han forjado su propia ética, cuya estética no se parece a la suya y que, eventualmente, no provienen de la misma clase social que la suya? ¿Intentaría comprender esos lenguajes o los censuraría? ¿Escucharía o se creería con la misión de enseñarles a hablar? Enfrentado a éticas diversas, distintas de la suya, ¿se creería usted con el deber de enseñarles qué es la moral revolucionaria? Más aún: ¿sería capaz de proclamar que con usted llega la revolución en un lugar donde la revolución está en marcha mucho antes de su llegada?

Ahora supongamos que usted decidió llegar dictando cátedra. Que se limita a señalar errores, que censura lenguajes que no comprende y pretende enseñarles el habla a los ignaros. Supongamos que usted llega impartiendo lecciones sobre moral revolucionaria. Supongamos que usted se cree la revolución. Supongamos que los que ya estaban no están de acuerdo y que usted traduce el desacuerdo según la vieja usanza de los entendidos, preclaros e iluminados: pequeñoburgueses, individualistas, contrabandistas, alienados, desviados, malandros.

Suponiendo, estimado lector, que todo lo anterior fuera cierto, usted sería, antes que nada, el responsable de una pésima, mediocre, gestión. Una gestión que acabaría con una extraordinaria experiencia comunicacional. Usted convertiría una televisora "que le llega a los más jóvenes" en una televisora avejentada, sin alma, sin futuro. Usted convertiría todo un potente cañón en pólvora mojada. No sería la primera vez que se destruye un proyecto revolucionario en nombre de la revolución. A menos que la gestión de algunos consista en destruir esa clase de proyectos.

Supongamos, por último, que existen pésimas experiencias comunicacionales, que ni les llegan a los más jóvenes ni a nadie. ¿No valdría la pena mostrar un mínimo de disposición para iniciar un debate informado, franco, riguroso, profundo, que sea capaz de superar la modorra de los que, en lugar de intercambiar ideas, profieren consignas vacías y acusaciones sin fundamento?

Supongo que valdría la pena invitar a ese debate a los trabajadores de Ávila TV, esos que, según un tal Ángel Palacios, no sólo han demostrado que no tienen miedo, sino que además cantan "las verdades donde más duelen".
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Mi comentario:

Hermanos, si ustedes pensaban que en plena era de guerra comunicacional los poderes instituidos de la derecha, del estado y del “sistema”, es decir, muchos escuálidos, una gran parte del chavismo y toda la maquinaria mediática le iban a regalar a la soberanísima chusma su arma más arrecha, ese equivalente a cañón láser de protones para disparar ideas para que pudieran usarlo contra ellos, verga, ustedes lo que estaban era apendejeaos.

Yo no puedo ver ÁvilaTV. No en mi apartamento, que sólo recibe cable dado que no tiene vista a las antenas, así que no conozco de ella más que lo que VTV retransmitió, que es muy poco... pero lo poco que vi me gustó. Había una mezcla de frescura, un aire de experimento comunicacional que quería ver crecer y que probablemente dió la excusa para su exterminio heródico.

Cuando dices que acabar con ÁvilaTV es un intento de acabar con el estado me dejas en duda. Porque yo también quisiera acabar con el "estado". Y no creo estar solo en mi anhelo: esa mierda se ha tragado a miles de potenciales revolucionarios y los ha seguido convirtiendo en, de todas las perversiones, la peor: funcionarios del estado venezolano, es decir, prolongaciones del adecopeyanismo ineficaz, oportunista y clientelar que esta revolución se suponía iba a erradicar. Bichos que renuncian a su obligación de pensar o criticar y compiten en gritar a voz en cuello ese güevito de "¡Ordene, mi comandante!", en vez de aportar su opinión. Carajos que viven de cuerpo o mente en Caracas la Capital y piensan como caraqueños, olvidando la variedad de la realidad provinciana.

¿Qué mejor que una televisora irreverente para recontrajoder esa mierda que sigue construyendo capitalismo urbano con tres erres incomprendidas y vestido de rojo?

No, claro que no nos la van a poner cuquita. "Darle" el poder al pueblo es una consigna que puede tener más acepciones que la que suponemos obvia, y más aún viniendo de un militar.

Pero vamos a suponer, y no tengo base para dudarlo, que el comandante aspira a una toma colectiva del poder popular y que, queriendo utilizar al estado para facilitar esa transferencia, comete el error de llenarlo de militares y militantes esperando casar eficiencia e ideología. Una estructura diseñada por la burguesía para perpetuarse a sí misma en el control en nombre del pueblo y manipulada durante la cuarta para asegurar espacios de dominación viene a ser penetrada por los más ortodoxos cultivadores de la obediencia a las cúpulas. Algo así difícilmente se presta a ser vehículo de la anarquía necesaria para romper esquemas mentales obsoletos como el de la piramide de bases numerosas recibiendo órdenes de la cúpula. Algo así tropieza con la hostilidad subalterna de los burócratas a los dirigentes paracaidistas, que se traduce en mal servicio de esos organismos.

Trátese de colapso interno o mala gerencia, la enormidad de lo que se puede perder no deja alternativa. Cayó YVKE. ÄvilaTV en peos. VTV como emisora del partido que elige delegados que van a especializarse en transcribir las líneas de Chávez en vez de transmitirle las ideas y demandas de las bases que los votaron.

¿Mi propuesta? La toma de esos espacios de comunicación. La organización popular necesaria para salvaguardar el derecho a expresarse, a demandar, a denunciar por encima de los subterfugios jurídicos y técnicos de Conatel y el MINCI y de la solidaridad automática en torno al proceso.

A espaldas de Chávez, quien habla de arrasar en las parlamentarias, se está formando un consenso mediático sobre la inevitabilidad de perder espacios en la asamblea. El argumento base es la mala gestión y la corrupción. Si dejamos que esas denuncias sean pescadas por la oposición mediática para malponernos antes que por el gobierno para enmendarlas estaremos dándole municiones electorales de peso al enemigo, que sabe cómo utilizarlas.

¿Será que ÁvilaTV y YVKE son recuperables? Es algo que le duele a mucha más gente que a los ex y a los nuevos trabajadores. El talento sin probidad es un azote; la probidad sin talento es otro más. Cuídame de mis amigos, que de mis enemigos me cuido yo.

Franco Munini.

domingo, 30 de agosto de 2009

Oreama's role in USrael psychowars.

The electoral event that USAmerican voters believed to be an expression of their collective desires, needs and hopes brought the first afroamerican president to the White House.
The electoral campaign had to deal with an issue: USAmericans wanted change. This time the machine had to stage up something more than two white guys debating about how they'd do things that everybody knows they can't do without the approval of Big Biz.
So they delivered Oreama and made well sure the guy got all the way up to Prez.
Oh, sure, there was an election. USAmericans actually voted for the guy. And they voted for the other guy, too. It's always like that: almost 50/50, so this time the other guy was chosen to be safely beaten: a senile warmongering multimillionaire teamed by an unexperienced delusional fundamentalist (who could've been the first female Prez if the old man passed away) was no match for a broad, friendly smile in a dark skinned face talking about change and "Yes, we can!".
Change! What could be more interpreted as change than the first USAmerican black president!
Afroamericans might have thought: "This guy's one of us". He is not. His ancestors didn't come to America as slaves. He didn't have to fight his way up the ladder from South Central L.A. Those guys at AIPAC knew they got the right nigga: one that isn't a nigga at all.
And there we have Oreama. He's going to get the cameras over him, but, hey, you can't blame Irak's mess on him, so he's allowed to stay home addressing domestic stuff while the ex (ex?) First Lady travels around to visit USAmerica's friends to let them know who's (still) in charge. She runs the country; he smiles, talks, worries, shakes hands and the change is just and only the dark skin because BigBiz still takes care of business as usual.
Is Oreama waiting to be in a better position before starting to deliver "change"? He's already had plenty of good chances to do so, and he went the wrong way in each and all of them. What would've been better than the rescue package issue to prove which side he was in? Or a larger withdrawal of troops from Iraq? And now with the health issue, which shows BigPharma's power any way you look at it?
South of the RioGrande there were hopes, too. Updating and upgrading relations with Cuba to humane levels. Talking to presidents that had been ostracized by BigBiz. Addressing the issues that affect the latinos here and up there. Being friends among neighbours.
Nope. Oreama isn't up to that. He's just playing his role. Today more than ever we see the influence of Walter Lippmann and John Dewey on USAmerica's politics. BigBiz and the WarMachine had their script well prepared for latin-american presidents that went populist: ridiculize them while complotting with local wealthy friends. They're at it now, staging a show in Honduras as a bait and installing an additional seven military bases in Colombia.
But Oreama's role is the backstab at something that is growing dim in USAmerica: hope of change. Afroamericans, progressists, pacifists, true democrats, honest workers who went to vote expecting change will see Oreama doing nothing and they can't do a thing to make him change... and then, having lost the last remnants of hope, they'll go back to watch TV and forget the whole thing.
USAmerica's foreign relations still have the same guidelines; what changes is the script. Less use of muscle, more internal operations to invade media space and adequate funding of pro-USAmerican groups. Same objectives, different methods.
The new approach of the Pentagon is a clear indicator of what's coming. Michèle Flournoy, Pentagon's no. .2 in power, says that it should be acknoledged that future wars will come in different flavors. It's interesting to note that she's very well prepared in counter-insurgency, and this might appear semantic, but it does not specify that it is foreign counter-insurgency.
Who knows? Maybe some more USAmericans wake up and start to see things and ask questions, so better be ready. Meanwhile, the show goes on and on, following the script and helped with alkaloids from Colombia or Afghanistan.
It's the war of the future. It already started and we all play a role in it, because these wars are meant to occupy territory in our minds. Make us do what it'd take too much effort to a regular army: become mental slaves. And that includes you USAmericans: you're the enemy your government fears the most.
"Yes, we can", said the slogan. Indeed they can.
Franco Munini.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Voces de lucha o lucha de voces.

El enfrentamiento de posiciones ideológicas y políticas sigue ocupando los titulares de la prensa venezolana en todas sus formas.

Parece no entenderse que el proceso comunicacional no tiene porqué someterse a otro compromiso que no sea el de facilitar el acceso a la realidad, presentando todas sus facetas y versiones, enriqueciendo la información con los recursos necesarios para que el colectivo pueda usar ese conocimiento para guiar sus decisiones y formarse opiniones sobre la realidad sin verse entorpecido por la engorrosa labor de "desmalezar" el producto que recibe de cualquier clase de parcializaciones deshonestas o interpretaciones dirigidas a favorecer intereses sectarios, comerciales o políticos.

La base jurídica y legal que nos interesa está esbozada en los artículos 57 al 61 de la CRBV entre otros, y parcialmente reglamentada por el Código de Ética del Periodismo y la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión; aún así, debe evitarse que esas disposiciones del contrato social de convivencia se utilicen para entorpecer el acceso a la información o la libertad de expresión. Dicho de otra manera, CONATEL, la burocracia o el "honor" no pueden estar por encima del derecho colectivo e individual a informarse y opinar, y mucho menos convertirse en encubridores de maniobras antiéticas.

En ese sentido, el gremio de comunicador@s, licenciad@s o no, colegiad@s o no, tiene la responsabilidad de sacar al periodismo venezolano del pantano de la confrontación contínua impuesta por la SIP y secundada por el gobierno al hacerse eco de ella; si no puede o no quiere hacerlo el gremio, serán l@s ciudadan@s l@s encargad@s de que los medios - TODOS LOS MEDIOS - permitan y estimulen la expresión de todos los ángulos y visiones sobre la realidad nacional e internacional, aún (y particularmente) aquellas que no están específicamente alineadas con alguno de los frentes en pugna.

Venezuela no puede limitarse, como ahora, a abrevar solamente en los dos paquetes informativos sesgados de VTV y Globovisión o a abstraerse con novelas, películas y cartones animados. Aún el entretenimiento debe ser educativo: esta es una necesidad coyuntural que debe dar respuestas a la realidad de un país cuya población fue alienada y deliberadamente desprovista de un sistema educativo adecuado a sus necesidades y que ahora carga sobre sus hombros el lastre social de un segmento etario que aún no ha aprendido a hacer lo que necesita hacer ni a investigar lo que necesita conocer a pesar de las misiones educacionales coyunturales (Robinson, Ribas, Sucre), cuyas buenas intenciones lidian con las imperfecciones fruto de la improvisación y el inmediatismo.

Un gremio periodístico que se divide entre un CNP de oposición y otras protoestructuras desagregadas a favor del gobierno no parece ser todavía capaz de formular propuestas comunicacionales que integren a ambas (y otras) posiciones en cada programa, noticia e información; como usuari@s no podemos esperar a que ello suceda si no hacemos presión. El problema es que ya nos hemos acostumbrado a la confrontación, sin darnos cuenta de que gracias a ella es que tenemos el actual clima de hostilidad permanente. Un caldo de cultivo para una guerra civil que nadie en su sano juicio desea.

Solo a través de una expresión colectiva ponderada podremos contrarrestar los efectos de la lucha por el control de la conciencia ciudadana entre los poderes del estado, los de las corporaciones y los de otros estados. Abstraernos al nirvana de la inconsciencia o dejarnos arrinconar hacia solo dos polos posibles, como hemos permitido que suceda hasta ahora, debilita el poder real que tenemos como ciudadan@s de un solo país y de un solo planeta.

En artículos anteriores sobre este tema planteaba la necesidad de tomar los espacios comunicacionales, consciente de que los poderes en pugna sólo plantean la expresión y defensa de sus respectivas posiciones y se apropian de parcelas crecientes del territorio comunicacional sin ningún reparo ético ni respeto a la posibilidad de oir las posiciones y propuestas alternativas que nacen desde el seno de la sociedad y cuya difusión es una responsabilidad inherente al papel de l@s comunicador@s, sean o no profesionales o licenciad@s.

La toma de espacios comunicacionales a la que me refiero aquí no se trata de una ocupación física de instalaciones o de la lucha por la eliminación de las opiniones diferentes a las propias de cada bando. Todo lo contrario: se trata de fortalecer la demanda de más y mejor información. Se trata de la búsqueda del trasfondo real en el que suceden los acontecimientos, de la investigación sobre las razones políticas, sociales y económicas que los originan, de la sed de contextualizar apropiadamente las piezas del mosaico informativo a nuestro alcance y de hacer que ese conocimiento esté efectivamente a nuestra disposición. Se trata, en fin, de una maduración de nuestro rol como usuari@s y a la vez protagonistas de la historia de la que somos parte.

Se trata también de la forma de lograr que esa información sea accesible a tod@s. El primer poder es el conocimiento... pero de nada sirve si no está a la mano de tod@s. Las galaxias de información disponibles en internet son invisibles a la enorme mayoría de sus protagonistas. Un espectro radioeléctrico repleto de noticias baña a países enteros ignaros de su contenido. La prensa escrita no es más que papel sucio para amplios porcentajes de los continentes. Aún si la comunicación lograra llegar a tod@s l@s usuari@s, seguiría siendo un ininteligible barullo, un oceano de voces si no se la procesa de manera de ser usable, digerible y útil.

Es allí donde empieza el papel de l@s comunicador@s. Allí es donde cobra valor el concepto de la honestidad intelectual, el de la ética, el del compromiso con la verdad por encima de los intereses sectarios, económicos o estatales que pueden permitirse financiar el proceso comunicacional.

¿Estamos preparad@s, como comunicador@s o como usuari@s, para vivir y luchar por esta utopía?

Franco Munini. muninifranco@gmail.com

jueves, 16 de abril de 2009

Comunicación, periodismo y verdad.

En Venezuela resulta frecuente la fácil práctica de etiquetar, clasificar y (pegaito, porque pa' eso es) aceptar o rechazar de cuajo las opiniones según sean o no culpables de desentonar en el coro de loas a los íconos gregarios. Gracias a esa predisposición, el producto "noticia" viene ahora aderezado para dos y solo dos gustos. La veracidad de la noticia depende ahora de la interacción política entre emisor y receptor y de la manera de presentarla e interpretarla asumiendo de entrada que está parcializada.

Las noticias se presentan de acuerdo a la filiación poítica del patrono del comunicador social con o sin carnet, y en ese proceso la noticia en sí, la "verdad" que se recogió pura y sin condimentos de la calle de la historia diaria se convierte en un producto sospechoso ante el cual el usuario se ve obligado a presuponer segundos fines y sustratos ocultos. El colectivo que consume información, y que también tiene ahora una predisposición a etiquetar la noticia según su "bando", ha llegado a tener que dudar del producto, cualquier producto, que se le presenta gracias a la falta de compromiso profesional o al exceso de compromiso "ideológico" del licenciado con carnet y/o del comunicador alternativo.

Que se pretenda reducir a dos las corrientes de pensamiento convierte la riqueza intelectual de nuestra fauna humana a dos macrogrupos homogeneizados, los de acá y los de allá.
Resulta que, a pesar de los esfuerzos de los liderazgos de ambos grupos, no somos tan primitivos; entre los extremos en pugna hay una rica gama de matices, pero es como más cómodo buscarnos el ángulo que permita etiquetarnos solo como partes o irradiaciones de alguno de los dos "polos atractores". Esa caracterización previa banaliza la opinión individual y la alimenta al molino que la convierte en propaganda "polarizada".

El izquierdista ultroso, boina roja y flanela ídem, más aún si con currículum, que se atreva a cuestionar ese antimonumento al socialismo del siglo XXI que es el nuevo centro comercial Millennium (Metro Los Dos Caminos, en el este de Caracas) y los soportes filosóficos que apuntalaron su construcción corre el riesgo de ser tildado con uno o varios de los estigmas verbales que lo mudarán cerca o al otro lado de la barrera de la contienda virtual. Simétricamente, cualquier duda sobre la sentencia a los tombos o sobre la honorabilidad y legitimidad de los bienes del virtuoso Rosales atraerá la mirada suspicaz de compañeros globovidentes prestos a cuchichear paranoicamente sobre la lealtad de quien la asome.

El error no está en la polarización de las opiniones, que son expresiones libérrimas (condicionadas o no) de quienes las emiten. El error es la barrera en sí, y el tratar de presentar noticias y opiniones en relación a esa barrera… o peor: convertirlas en material de la misma.

La barrera es una cuña clavada en el costado de la sociedad venezolana. Su propósito es dividirnos y azuzarnos para facilitar las condiciones que permitan una intervención extranjera tipo Irak, Panamá o los Balcanes. Es un cebo que le resulta muy cómodo a los líderes de los extremos, pues capitaliza la polarización en términos electorales y facilita la satanización del contrario, pero distrae la atención colectiva de, digamos, el uso inapropiado del erario público o de los lazos sospechosos de algunas ONG's con poderes extranjeros. ¿Agarran a alguien con las manos en un guiso? Se convierte automáticamente en un perseguido político. ¿Alguna irregularidad en procesos licitatorios? Se justifica por la urgencia revolucionaria.

La comunicación es una de las patas del estado. El CNP era y es el soporte comunicacional del estado de la cuarta, y sigue vivo porque ese mismo estado sigue vivo. El CNP sigue siendo a la SIP lo que Miraflores era y Fedecámaras es a Washington. Estamos construyendo una revolución utilizando como cimientos ese mismo estado absolutamente contrarevolucionario para ello. Con esas bases, y la tambaleante pata o columna comunicacional representada en el CNP incluso por aquellos "progresistas" que siguen leales a la "irrenunciable", "indiscutible" afiliación al mismo, será algo difícil garantizar la solidez de un edificio del cual nadie (y quizás esa es la idea) conoce los planos.

No somos tan ingenuos como para ignorar que la división existía antes de que esto que llamamos "proceso" empezara; lo que ha hecho la maquinaria mediática es usarla como herramienta para debilitar a la sociedad como un todo, en vez de combatirla en aras de la necesaria unidad nacional para enfrentar los retos del futuro.

Si conocemos el poder de la comunicación, es decir, si asumimos que la comunicación ES el poder, ¿porqué no lanzarnos de una vez a tomar el control de esa cosa? Porque mientras sigamos de este lado de la pantalla o del periódico, vamos a seguir recibiendo el material que producen otros, con sus fines particulares. Mientras no seamos dueños del sistema de comunicaciones, seguiremos viendo y oyendo lo que quieran quienes ostentan ese poder.

La cuestión va más o menos así: tenemos a mano a un gobierno dispuesto a proveernos un acceso a las comunicaciones, tanto para recibir como para generar información. Lo que nos toca es apropiarnos de ese aparato para que esté al servicio de las bases, y no de las cúpulas.

Ahora, las bases tienen diferentes tendencias. Y lo justo es que todas puedan expresarse. Si se desplaza el debate al lugar que le corresponde, es decir, a la base poblacional, habrá una proporción de comunicadores que no simpatizan con Chávez pero que, si se amoldan a esta dinámica, están descartando las posiciones más extremas de la oposición. Habrá espacio para esa especie roja que pide más claridad y menos culto a la personalidad del líder. Se formará un nuevo equilibrio usando el nuevo partido-medio como vehículo tanto para informar como para pulsar la opinión del público sobre asuntos que lo conciernen y sobre los cuales puede influir y participar. Una comunicación que haga del ciudadano urbano o rural el protagonista, que le dé poder de escuchar y hacerse escuchar entre personas en el mismo ejercicio pleno de las consignas de empoderamiento de las bases sin la intermediación de un carnet de periodista.

Ese tipo de estructura interactiva debe susbstituir en la lista de apetitos comunicacionales tanto a la ponzoña adictiva que se inyecta diariamente el globovidente devenido por ello en oposicionista a ultranza como al metamensaje oficial "Estamos haciendo todo por el pueblo" tras el cual uno quisiera ver más que la respuesta automática "¡Ordene, mi comandante!" que parece querer imponerse en y desde la prensa, la radio y televisión pública hasta la red alternativa.

Prefiero una estructura inclusiva como ésta, que hace de la comunicación un vehículo de maduración del debate y que involucra a todos en la distribución y defensa de la verdad como método para convencer al opuesto ideológico, a una batalla en la que solo se use como parte del debate la posibilidad tipo "comodín" de callar a uno de los debatientes. Hacer un referéndum para revocar la concesión a Globovisión no es suficiente, ni erradica el mal del periodismo de palangre. El asunto es mucho más profundo, e implica compromisos serios con la verdad y los derechos de los usuarios de la comunicación. Pretender que eso se resuelva atacando al síntoma, o en este caso al mensajero, en vez de mejorar la calidad del mensaje es aplazar una discusión imprescindible para el desarrollo de la democracia participativa.

Franco Munini.

viernes, 3 de abril de 2009

Contrato con la realidad-Comunicación y periodismo necesario

¿Cuál es el periodismo que queremos? ¿Qué papel jugamos l@s ciudadan@s en el proceso comunicacional, y cuáles son los límites de ese rol? ¿A quiénes va dirigido, por quiénes y con qué propósito? ¿Cómo modificamos lo que hemos estado haciendo hasta ahora para que sirva como motor para incluir a TOD@S l@s venezolan@s en la construcción de la Venezuela de TOD@S?

Responder estas preguntas y muchas otras que rodean al fenómeno comunicacional requiere de un análisis previo de la situación actual y sus causas, pero debe también contar con un razonable consenso sobre cuál es el periodismo que queremos, cuál debería ser la dinámica comunicacional y cómo y para qué debería ser "eso".

El brote de movimientos de expresión y comunicación alternativa aunado a un coro de críticas a diferentes facetas del proceso de información y comunicación nos bastan para señalar que algo está mal en el aparato de información y comunicación, tanto el público como el privado, tanto el nacional como el mundial; un análisis de todos los síntomas escapa el propósito de este artículo, pero es necesario para detectar, diagnosticar y curar la enfermedad que afecta la carrera del periodismo y la dinámica del proceso comunicacional.

Habría que considerar además la raíz histórica de nuestra forma de recibir, validar y aceptar información, y la evolución de los medios o vehículos a través de los cuales dicha información era y es recibida. Esto constituye uno de los diversos enfoques del análisis al que nos referimos antes, del cual nos interesa resaltar la direccionalidad y las intenciones de quienes manejan el proceso comunicacional; aún más, nos tocaría disertar sobre el hecho de que gran parte de esa historia comunicacional se desarrolló fuera de nuestras fronteras con tecnologías e intereses que nos eran ajenos.

Sin más preámbulos, caigámosle al meollo del asunto que nos convoca. Otr@s escribidor@s, más duch@s en el asunto, podrán elaborar los diagnósticos necesarios con los academicismos pertinentes a su carrera; ojalá lo logren sin necesidad de subir al pedestal de la colegiatura a esa estructura anquilosada y cuartorepublicana que es el CNP que sugiere que el "privilegio" de comunicar se obtiene gracias a un título universitario.

El mero hecho de que quien les escribe no es periodista sino ingeniero, así como much@s opinador@s que se interesan sobre este tema tampoco son periodistas, basta para indicar que el proceso comunicacional se ha vuelto, al fin, interactivo, involucrando a l@s usuari@s ya no solamente como consumidor@s sino también como productor@s de información y opinión.

Una de las facetas que me preocupan respecto a las propuestas de formación de consejos y frentes de comunicador@s es la pretensión de ubicarlas de cuajo en una de las dos aceras políticas (hay más, pero déjenme simplificar) al anteponer o incluir el adjetivo "socialista" en el nombre de las neonatas estructuras: Frensocal, el frente socialista de comunicadores alternativos, y el CNCS , consejo nacional de comunicadores socialistas.

Es mi opinión personal que estas estructuras no pueden y no deben cerrar sus puertas a las opiniones de l@s ciudadan@s que se identifican más con la oposición que con el gobierno, o con ninguna de las dos posiciones. De hecho, hay muchísimas personas a quienes el adjetivo "socialista" les produce cierta desazón, pero cuyas ideas están en realidad en el campo de la justicia social y el nacionalismo sano. Son venezolan@s con derecho a expresarse, y no podemos obligarles a hacerlo solamente a través de Globovisión o noticierodigital.

El proceso comunicacional es de carácter SOCIAL. Mucho ganaríamos si suprimimos cuatro letras para convertir la palabra "socialista" en "social". Porque de eso se trata en realidad: comunicación para la sociedad, para TODA la sociedad, comunicación social dirigida a la construcción del país de TOD@S.

Igual razonamiento podría utilizarse sobre el adjetivo "bolivariano" asociado a varias organizaciones gremiales que se autoproclaman simpatizantes del proceso político abanderado por Hugo Chávez, de no ser que el llegar a esos extremos sería una manera de minimizar el ideal de Simón Bolívar. Tal ha sido el incesante bombardeo mediático de las trasnacionales apátridas de la comunicación que el término se usa ahora despectivamente para crear una barrera entre venezolan@s.

La división de la sociedad en toletes hostilmente opuestos es un logro de la injerencia extranjera en Venezuela. Caer en el juego de separar a la ciudadanía en un "nosotros" y un "ellos" es no solo pueril e inmaduro: es extremadamente perjudicial para la necesaria cohesión nacional alrededor de un proyecto de país que beneficia a TOD@S.

Esa división, de la cual se benefician los extremistas y/o l@s delincuentes de ambos bandos, es azuzada por ell@s para desviar la atención pública de sus propias acciones en contra del patrimonio o para ganar capital político. "¡Soy más chavista que Chávez!", gritan a voz en cuello l@s tracaler@s rojipint@s esperando ganarse el favor presidencial o cubrir sus sucias maniobras con los dineros públicos; "¡Luchemos contra la tiranía castrocomunista!", se desgañitan l@s apergaminad@s líderes de la oposición mientras ocultan y protegen a varios delincuentes prófugos de la justicia por enriquecimiento ilícito y otros crímenes.

Esa división, esa misma división de la que hablamos se creó gracias al apoyo de los medios. Los nuestros y los de ellos. Por ello, al mirarlos desde esta perspectiva, los medios han jugado su propia agenda a nuestras espaldas. ¿Es razonable esperar que esos mismos medios sean ahora los que se dediquen a suturar las laceraciones en el tejido social venezolano? Eso sería lo deseable, en función de que los medios inciden en la opinión de sus respectivas audiencias, pero hete aquí el problema de la "línea editorial" y el compromiso comercial entre patronos y trabajadores de la industria de la comunicación. "Puedes tener tu corazóncito del color que quieras, pero vas a decir lo que yo te digo que digas" es un acuerdo tácito (y a veces ni tan tácito) entre los comunicadores y el patrono. Poderoso caballero es Don Dinero. Ya saben, tod@s necesitan llevar el pan a la mesa...

Pues no. NO. Me resisto a la imposición de una visión polarizada, simplista, complaciente, dogmatizada o prefabricada sobre la realidad. El compromiso con la verdad TAL COMO LA PERCIBEN l@s comunicador@s debe prevalecer por encima de las orientaciones políticas o empresariales de los medios para los cuales trabajan, aún en el rol que asumen como partidos mediáticos.

La oposición real, esa que tanto necesita este proceso, nacerá desde las entrañas del proceso y se enriquecerá con los aportes del sector menos "odiotizado" de la oposición actual. Esa nueva oposición sana, tan necesaria para denunciar las irregularidades de los funcionarios díscolos y producir acciones de gobierno más ponderadas e incluyentes, requerirá de un vehículo para expresarse, así como lo necesitaremos los anarcoides que apoyamos a este proceso mas no sentimos la compulsión de la solidaridad automática con líderes de dudosa reputación o decretos huérfanos de consulta a las bases.

Para la propaganda "oficial" de los bandos en pugna ya existen plataformas mediáticas y comunicacionales. El periodismo y la comunicación social son más que eso. El dilema ahora es que no disponemos de los medios para crear un vehículo independiente, así que nos toca subvertir desde adentro la manera en que se maneja el proceso comunicacional para prevenir los excesos de incondicionalidad asociados al clima de polarización política, relevar a las vacas sagradas de la opinión pública, colegiadas o no, cuando se obstinen en preservar el clima de conflicto de manera anacrónica a las necesidades reales del país, generar una visión más fresca y más nuestra de la realidad que vivimos y prepararnos para encarar las amenazas de la guerra de cuarta o quinta generación, que invaden el territorio sicosocial colectivo para convertirnos en enemig@s de nuestr@s herman@s.

Hay tres frentes desatendidos o pobremente atendidos por esta revolución. Uno es el frente ideológico, necesario para desconstruir la visión egoista, aislante e impregnada de antivalores que hemos aprendido de nuestro incómodo vecino del Norte y su manipuladora industria del entretenimiento. El segundo frente es el tecnológico, en el que necesitamos desprendernos de la manía de comprar los más modernos artefactos y retroceder unos cuantos pasos hasta el nivel en que podamos producir y reparar en nuestro país con nuestros artesanos los insumos de nuestras industrias, garantizando así nustra soberanía tecnológica (ojalá algún día tengamos la dicha de producir en Venezuela los motores de nuestros vehículos: tanto hierro, tanta siderúrgica y tenemos un siglo de atraso en ese campo).

El tercer frente desatendido es el frente comunicacional. A nivel interno, tras diez años de gobierno, seguimos teniendo niveles de abstención electoral cercanos al 40%. Es absolutamente inaceptable que un porcentaje tan elevado de la población siga indiferente a la posibilidad abierta para participar en el desarrollo del país y en las decisiones cruciales sobre su futuro. De alguna manera el mensaje del reggaetón prevalece sobre el mensaje del Libertador. Esa falla es nuestra, colectivamente hemos fallado en evangelizar a quienes más necesitan y se benefician de las acciones del gobierno bolivariano.

También hemos fallado en desmontar la maquinaria del odio que anida en ese antro de perversión que es la cúpula mediática de oposición, que se abroga el liderazgo, por no decir el nariceo, de l@s venezolan@s que adversan a Chávez. Los medios del estado bailan al ritmo que ponen Gloposición o El Nazional, siempre a la defensiva, siempre desmintiendo las lóbregas acusaciones que se lanzan sobre el proceso. Perdemos tiempo y recursos valiosos en rebatir la continuada satanización que se hace desde aquí por orden del imperio corporativo internacional, que sabe perfectamente bién el alcance de sus medios y sigue creyendo que la manera más cómoda de apropiarse de lo nuestro es a través de otra guerrita civil. Nos montan ollas de todo tipo, y caemos en la trampa y hasta las revolvemos. Los casos Rosales y Baduel pueden haber sido diseñados con precisión para desmoralizar a la ciudadanía a través del mensaje subliminal de la corrupción elevada a mal genético de l@s venezolan@s, a menos que los mencionados sean tan brutos o desprecien tanto las leyes y sus propias conciencias como para engolosinarse de esa manera con el dinero de tod@s.

Nos toca forzosamente desmontar esa perturbación mediática que pretende fragmentar a nuestro tesoro más preciado: nuestros jóvenes. A pesar de mi anhelo por la paz social, nos tocará mantenernos en situación de alerta por varios años más utilizando todos los recursos que sean necesarios para detectar los intentos de convertirnos nuevamente en colonia. En ello es fundamental contar con una red de información e inteligencia que permita desmontar las amenazas que se fraguan desde las estructuras de un estado megalítico que hemos heredado intacto con todos los vicios del pasado, con todas las redes que se tejieron desde los centros del poder político, económico, judicial y eclesiástico para mantener el dominio y los privilegios de las oligarquías y los magnates criollos. A ellos no les duelen nuestr@s hij@s, ni les preocupa colombianizar nuestra paz desde su indiferente desprecio a la sangre de nuestra juventud.

Pero también debemos ser creadores de futuro. Debemos enriquecer el horizonte de posibilidades de la ciudadanía, debemos contribuir con la educación y formación de una Venezuela capaz de hacer su camino. Debemos estudiar e investigar los experimentos sociales, administrativos y ambientales en otras latitudes para no quedarnos anclados en tesis ortodoxas, debemos favorecer el intercambio de información pueblo a pueblo, debemos prepararnos a horizontalizar el poder comunicacional para darle voz a las bases que conformarán el gobierno comunal.

En este punto el frente comunicacional interno se une con el frente ideológico, pues nada hacemos con un periodismo que sea apéndice de un partido. La postura crítica a lo interno debe permitir las expresiones de disidencia con las "líneas" del partido sin temor a ser etiquetadas como traición, debe darse cabida a las propuestas alternativas, aún el estímulo a la maduración del discurso de oposición para generar y elevar los niveles de debate. Debemos ser capaces de interpretar y conectar la Venezuela urbana con la Venezuela rural y de provincia, casi desconocida y muda esta última frente a aquella.

A nivel internacional, Venezuela es lo que Globovisión trasmite. Fuera de nuestras fronteras somos lo que dice CNN o FoxNews. Nos retratan el Washington Post y El País en sus editoriales emponzoñados, nos dibujan al gusto del Miami Herald, nos satanizan hasta los periódicos supuestamente de izquierdas como The Guardian. Y nosotros callados, porque al MINCI o al MRE parece que no les interesa invertir algo de la enorme suma que se dispendia a través del VIC o el VIO en un sistema de comunicaciones en varios idiomas que dé a conocer la realidad venezolana, con sus aciertos y sus bemoles, más allá de la frontera de los idiomas. Los cuatro gatos que hablamos otros idiomas además del español no tenemos a mano una plataforma que permita hacer publicidad de nuestros tesoros turísticos o nuestros productos de exportación, ni traducir y publicar en otros idiomas los artículos de nuestros pensadores, ni explicarle a los pueblos de otros paises cuál es la realidad de lo que acontece en nuestro paraiso bendecido por la naturaleza pródiga y sometido por siglos al pillaje interno e internacional. Si no le decimos a nuestr@s herman@s USAmerican@s y europe@s la verdad sobre lo que ocurre en Venezuela, ell@s no se opondrán a los intentos de invasión por parte del mismo imperio que los subyuga a ellos. ¿Entiende ésto el MINCI o el MRE?

La comunicación y el periodismo que necesitamos: un contrato claro con la realidad.

Franco Munini.